Se anuncian juntos, prometen lo mismo y cuestan parecido, pero el ultrasonido focalizado y la radiofrecuencia no funcionan igual. Entender la diferencia ayuda a elegir.
El ultrasonido focalizado concentra la energía en puntos muy pequeños, a una profundidad predeterminada, generando puntos de coagulación térmica. Es un estímulo intenso y localizado. Su ventaja es la precisión; su inconveniente, que resulta molesto y suele requerir analgesia previa.
La radiofrecuencia calienta un volumen de tejido en lugar de puntos aislados. El calor es más repartido y la sensación, más llevadera: se describe como un calor intenso pero tolerable, normalmente sin anestesia.
Durante años la radiofrecuencia arrastró una limitación clara frente al ultrasonido: no llegaba con eficacia a las capas profundas. Los equipos multifrecuencia, como XERF, buscan corregir eso emitiendo dos frecuencias simultáneas que cubren distintas profundidades en el mismo disparo.
¿Cuál elegir? Depende del tipo de flacidez y de la tolerancia de cada persona. El ultrasonido puede rendir más en laxitudes concretas y con una única sesión. La radiofrecuencia encaja mejor como tratamiento de mantenimiento y para quien no quiere pasar por una sesión dolorosa.
Lo que ninguno de los dos hace es eliminar piel sobrante. Ahí el terreno es quirúrgico, por mucho que la publicidad sugiera lo contrario.
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